viernes, 22 de agosto de 2014

La Flexibilidad y La Experiencia

Según Wikipedia, la enciclopedia de copia y pega:
 
Experiencia (del latín experiri, "comprobar") es una forma de conocimiento o habilidad derivados de la observación, de la participación y de la vivencia de un evento o proveniente de las cosas que suceden en la vida, es un conocimiento que se elabora colectivamente.

El concepto de experiencia, en un sentido coloquial, generalmente se refiere al conocimiento procedimental (del cómo hacer algo), en lugar del conocimiento factual (de qué son las cosas). Los filósofos tratan el conocimiento basado en la experiencia como "conocimiento empírico" o "un conocimiento a posteriori".
















Desde el punto de vista de la hermenéutica filosófica (Gadamer), solamente son posibles las experiencias si se tienen expectativas, por eso una persona de experiencia no es la que ha acumulado más vivencias (Erlebnis), sino la que está capacitada para permitírselas (ver lo posterior a esta cita).

Desde el enfoque de los Estudios Culturales la experiencia es un concepto clave, ya que permite una mirada que abarca al mismo tiempo las condiciones materiales de existencia de una comunidad o grupo y su dimensión simbólica (Thompson).













La experiencia contribuye sensiblemente a la sabiduría. Aunque se puede obtener cierto grado de sabiduría al sufrir castigo u observar a otros recibirlo, una mejor manera de adquirir sabiduría, y que además ahorra tiempo, es beneficiarse y aprender de la experiencia de los que ya son sabios, prefiriendo su compañía a la de “los inexpertos”.

Una persona con considerable conocimiento en un área determinada puede ganar reputación como un experto (ver próxima entrevista a Fernando Sánchez Salinero).














 Al principio de nuestras vidas somo altamente flexibles: tanto físicamente como a nivel cognitivo. Todo lo que hacemos es aprender, sin poder evitarlo. No hay elección vinculante más allá de la necesaria para vivir, para sobrevivir. Necesitamos ser flexibles sin tan siquiera saberlo, sin más que dar acceso a prácticamente todo.

Con poca edad, ya comenzamos a decidir. Es la experiencia, en sus diferentes grados, las que nos permite elegir: ser o no flexibles respecto al acceso a cualquier nueva experiencia.

Aún así, de niños, la educación, es en cierto grad,o impuesta y... nos obliga a flexbilizarnos. Quizá no queremos vivir una experiencia "x" (comer gachas, por ejemplo; aprender matemáticas, etc.) pero nos tenemos que amoldar a lo que nos obligan.















Saben bien los que nos enseñan y nos imponen que, además de las experiencias que de niños tenemos sin ellos (el primer beso, la curiosidad, la experiencia de cortarnos, caernos,...), tener experiencias guiadas nos enseña todo lo que necesitaremos para ser más o menos inflexibles y crear un criterio propio. Sin flexibilidad a lo que nos imponen no conoceríamos ni el vocabulario de las sensaciones y emociones ni tampoco tendríamos experiencia de las mismas. Ira, repugnancia, escozor, esperanza, confianza... O quizá sí tendríamos la experiencia, pero no conoceríamos sus nombres (pero a ese experimento no me remitiré).
















Podemos concluir entonces, hasta este punto, que la experiencia es un grado que se involucra con la información que recibios, según el contexto en el que estamos y que nos permite (con todo) tener un conocimiento. Y el globo tiene un tamaño que va a variar según la edad que tengamos, según la flexibilidad que tengamos a desarrollar más o menos flexiblilidad para recibir información en nuestro contexto. Por lo que #LaFlexibilidad nos ayuda a ir diseñando nuestra #Experiencia. Y también viceversa.
















De adultos, nos hacemos algo más sofisticados con ese equilibrio entre ambos conceptos o tendencias. Experimentamos más. Y también menos. Decidimos "un poquito más de aquí y un poquito menos de allí". Según nuestro gusto (el que hemos desarrollado con el cúmulo de experiencias) corremos más o menos riesgos de experimentar. Somos menos flexibes con el aprendizaje. Pero, a la vez, estamos más expuestos a la diversidad de opciones experimentales y siempre, necesariamente, acabamos experiementando en nuestro día a día y aumentando el gusto. Si no, se acabaría el juego y dejaríamos de relacionarnos, de abrirnos al mundo, de ser flexibles, de amar la vida. Nos acabaríamos suicidando, vamos... porque esa decisión también existe, bien se sabe. Y depende de la flexibilidad para con ella. Y de nuestro poder de experimentar, al fin y al cabo.














Vemos arrugas y sentimos, casi siempre, un respeto ineludible por lo que significan: años de experiencia. Nos generan, también casi siempre, dos deseos: el de no tenerlas y permanecer turgentes; y el de tenerlas y conseguir llegar a esa edad. Conseguir disfrutar de suficiente salud y potencial para disfrutar de ese vagaje que significan las marcas de la piel (ver entrada "La Flexibilidad y El Tacto" dentro de este mismo blog). Conseguir toda esa sabiduría. Ver arrugas nos provoca curiosidad y admitimos que no nos queda otra que ser flexibles porque nos lo exige la vida para aprender y acumular vivencias, para tener períodos de latencia y de desarrollo, según nuestra flexibiidad. Nos recuerdan, las arrugas, que siempre seremos algo niños, con lo que eso, por experiencia, sabemos que implica: humildad y apertura; y que tendremos que saber elegir para conseguir llegar a una edad avanzada, con lo que también sabemos que acarrea: criterio y empuje, adaptación y escape.



















Empuje, adaptación, aprendizaje, humildad, criterio... la vida misma. Lo que se aprende con los estándares de la vida (aquello que conocemos como "la voz de la experiencia" y que todos y todas vivimos a pesar de las diferentes vivencias). Esa voz no está lejos de lo que aplicamos a la hora de montar un negocio o ser trabajadores empleados. Y, en todo, somos conscientes (unos más que otros) que hay que ser flexibles e imperturbables, dependiendo de la ocasión. Si bien, claro está, la flexibilidad y la experiencia son primas hermanas en estos enseres. Se dan la mano y se quieren.



















Con los años, a pesar de podernos equivocar y a pesar del estilo de vida escogido (en pareja o libres), siempre estamos en situación de experimentar y de entender la flexibilidad de un modo u otro según de qué se trate. Con los años, crece la consciencia: la voz de la experiencia. Y la flexibilidad se acota.




















Combinando experiencia y flexibilidad, sopesamos el aprendizaje, convivimos con los demás y constituímos nuestros caracteres. Cada día, cada hora: piénsalo.

Carmen Nikol
@carmen_nikol
@LaFlexibilidad