sábado, 20 de septiembre de 2014

La flexibilidad frente a las modas estéticas y de rol sexual.

En mi opinión, el peor extremo de adaptación estética fue el generado por la cultura china (el "foot binding" o vendaje de pies). Lo digo porque era una tortura impuesta desde la niñez, desde la inocencia y la ignorancia de los intereses de quienes lo recibían impuesto; desde la imposibilidad de tomar decisiones al respecto por esas niñas (cliquear sobre la imagen para ver el corto vídeo-reportaje). Y todo por considerar que así se debía mantener la imagen. Esa imagen deseada por los varones, los mismos que las tomarían por esposas.

https://www.youtube.com/watch?v=gtut9TGzbfk
Vendaje de pies











La estética puede ser tan cruel como querer degenerar en lo que el modelo de turno dictamina. Así ha sido durante siglos. No solo ahora se dan las moldeaciones y modelaciones del cuerpo (la silicona, esponjas, etc): siempre ha habido esclavos/as de esta cultura, bien sea consciente o inconscientemente (caso de las niñas chinas, por ejemplo).

Hoy, el porno es el modo en que se promocionan las nuevas "carnes", los gustos de última generación que, por su parte, han matado lenta o rápidamente a muchos y muchas aspirantes a cumplir con estas modas. Los tatuajes también pueden ser considerados un dilatado modelo estipulado de nuestras piezas de piel. Y, sin duda, éstos no tienen el sentido del "amor de madre" que tan marineramente conocido fue en su origen: el recuerdo perdurable, el no olvido de lo amado. Ya no es sentimiento: es más un sentido estético puro y duro. Aunque haya de todo... pero la moda es así.

Los complejos y las modas pueden ser devastadores. No obstante, existen las fórmulas de suplir lo solicitado por la sociedad en momentos concretos. Por ejemplos: la espuma, los esqueletos de las faldas, los corpiños, los postizos de pelo, las pestañas postizas... o todo lo relativo a las "chicas Gibson" en su momento, por mencionar unos pocos.

Camille, modelo chica Gilmore




















En el espectáculo, y en la misma calle también, uno ve continuamente estas modas y estos remiendos estéticos (también los que vienen del bisturí). A mí me parece de lo más divertido ponerme sujetadores con relleno: una burla a lo que es la demanda y que no deja de ser (en mi caso) más que en un quita y pon. De hecho, las uso con todo el sentido del humor del mundo: si quieren tetas, tendrán esponjas. Lo que siempre se ha conocido como "dar el pego". Una forma sana (sin operaciones) y natural de responder al amor por tu cuerpo y al amor por las contrataciones sin... desventajas. Una burla: lo dicho. Burla extendida a lo largo de casi toda la historia de la moda, por cierto.

Pero, en la vida real, tanto la salud física como la mental deberían de ser nuestras prioridades. Adaptarse a un canon, en cualquier caso, es siempre un riesgo físico y no es garantía de llegar a conseguir lo que se desee, a no ser que sea ser vanidoso o trabajar con ello o ser sumiso de las modas y de las personas que así las desean.

En mi caso, de siempre, cuando algún hombre con el que he comenzado una relación ha tenido ganas de dar su opinión sobre sus modelos estéticos, he tenido dos reacciones principales. Una: búscate una actriz porno (o bien busca alguien que te cubra las expectativas que no soy yo, claramente); y otra: mejor opérate tú porque, ciertamente, te hace más falta (si más no, por ahí arriba, en la materia gris). Nada puede ser más lejano a un cómplice en estos términos.

Sabemos que la perfección no existe y, lo queramos creer o no, sabemos que estamos mejor incentivando el deseo lo máximo posible (dentro de la pareja, algo que no todo el mundo hace, bien sabido es). La dispersión entre lo que sea externo, paradójicamente, lo merma. La frecuencia de uso del deseo, lo que antiguamente permitía disfrutar más el sexo y de la compañía (la admiración de lo que se es y de lo que es el amado o la amada, por dañino que pueda ser -véase la película "Anna Karenina" o léase el libro), también parece que, paradójicamente, lo merma. Lo cual lleva al abandono de las parejas y a la dispersión, nuevamente. Con lo que muchos, y muchas, llegan a la conclusión de que mejor ahorrarse la merma del paso de la frecuencia (de pareja en pareja) y vivir en la merma de la dispersión (porque, según dicen, "en la variedad está el gusto"). La coherencia fluctuante o fija, una opción vital, pues...

Bien,... a mí no me funciona (no sé a Usted). No es fácil para mí creer en ello porque es pobre en posibilidades y en complicidad. Muchos idealistas entenderán a qué me refiero y otros lo verán muy "naïf". La verdadera fuerza que puede tener un cómplice no radica en su estética sino en su mentalidad, en su sino, en su capacidad de desear y de sentirse deseado. ¿Es acaso por eso que los amantes son la mejor opción para muchos y muchas? ¿Es la creencia de esa persona que no tiene realmente complicidad ni prioridad? ¿Es el estancamiento común entre dos personas, hablando de un  nivel sexual (aunque no sea, estancamiento de actos), lo que mejor refleja una "no-paradoja" del deseo? ¿Un yo para ti y tú para mí solo cuando nos vemos? ¿Es eso lo que mejor se acerca a un cómplice? ¿O quizá sea una relación abierta? ¿De veras ha muerto toda posibilidad de disfrutar la complicidad si no hay una misteriosa relación carnal? ¿De veras vamos siguiendo los pasos del Imperio de los "sinsexo" orientales? Tampoco lo creo. ¿Son esas muñecas de silicona perfectamente fabricadas en oriente, y de precios desorbitados, lo que mejor se adapta a la complicidad? ¿O es la confianza en la capacidad propia y del otro (o la otra) en no subestimear el deseo y en desarrollar la complicidad? ¿Se gasta el deseo de tanto usarlo? ¿Siempre? Y ¿Es por eso que vale la pena no usar esa frecuencia? 



El olor de la papaya verde








A veces, me escribe un amigo (muy de vez en en cuando y sin que lo espere) preguntándome sobre la condena que tenemos en el presente (refiriéndose a las relaciones entre hombres y mujeres). Es amigo, solamente. Nada más, aunque sea un cómplice en escrito. Humildemente, me describe la frustración de sus experiencias y sus elecciones: quedarse con una sola mujer para poder estar más tranquilo en cuanto a las garantías de tener sexo y compañía. Pero, que asume que no es lo que necesita: ni él, ni el hombre (en general, exceptuando los de la regla). Por mi parte, no me atrevo a acercarme a qué necesita una mujer: creo que, hoy en día, ese modelo de persona ha cambiado tanto que no hay un general en sus necesidades primarias. Tampoco en las de compañía. La mujer es, hasta para mí, un misterio.

Hay un libro, "Viento del Este, viento del Oeste" (de la Premio Novel Pearl S. Buck) que siempre me ha gustado por cómo refleja lo que una mujer oriental piensa sobre un hombre con el que ha de casarse  (por esa antigua tradición de amañar los matrimonios). Él, que ya ha viajado y disfrutado de la cultura occidental, también tiene la forma de expresarse en el libro mediante la interpretación de ella. No es un libro actual, como puede imaginarse. También hay una película, "El olor de la papaya verde" que me gusta por cómo deja testimonio de una hipotética relación entre dos orientales que se conocen desde niños (ella criada y él "amo"). La cultura con la que he comenzado, la oriental, no exenta de crueldades estéticas, de modas de sumisión, tiene un "algo" que va más allá de la visión oriental del sexo del porno. El rol es diferente, incluso hoy en día, no sé si mejor o peor si bien creo que de, cara a la mujer, es peor todavía, en líneas generales. Aún así, como curiosidad,...

Viento del Este, Viento del Oeste
...en Japón (según un reportaje que vi hace años, creo que en Documentos TV o en un canal de videoclub de ONO), los matrimonios pueden abrirse a tener relaciones sexuales con otros matrimonios: ellas deben cobrar y ellos deben pagar (económicamente, quiero decir), pues eso les honra a ambas partes.Y no revueltos: es decir, ellas irán con hombres casados y ellos con mujeres casadas... pero no a la vez. Esa "libertad" recuerda la diferencia respecto a la versión occidental de ese apertura y, a su vez, recuerda la necesidad de la no "monogamia" y de la preferencia por disfrutar de una sola compañía: es decir, de "regular" al que es el/la acompañante principal del curso de la vida y de los esporádicos escarceos morbosos.

Pues regresando a la cuestión estética, y destacando su componente de entrega al resto (no de disfrutarlo uno mismo solo), habrá que pensar que también hay muchos estilos estéticos, lejanos al patrón de la moda, que los llevan personas que siguen disfrutando de sus vidas compartiéndolas con otros/as en sus diferentes fórmulas, ya sean paradojas o no. Porque, para gustos están los colores, como se suele decir, y para libertad... la de los niños y niñas: que no tengan la presión de entender nuestras preferencias actuales, que no les motiven o les frustren. Y como último recurso de libertad adulta: las manos. Usted me entenderá si le digo que no hay necesidad de sufrir aspavientos ni de violar para disfrutar el sexo y, sobre todo, de permitir la libertad de los demás.

Un verdadero ahorro de energía es el no criticar, ni estéticamente ni particularmente de ningún modo a nadie que no nos dañe. ¡Vive! Pero, sobre todo, no impongas modelos... falta aquí lo que va después en el mismo dicho: "... y deja vivir". Si alguien no es adecuado/a, no hace falta que estén juntos ni que se hagan daño, ni den menosprecios... recordemos esta máxima y sepamos enseñarla, por encima de princesas y príncipes de cuento infantil. Recuerde, antes de embarcarse en una relación, si vale la pena conocerse e intentar enmarcar los acuerdos mutuos (para no faltar al respeto sino que salgan del mismo respeto) y no permitir que las modas le permitan llegar a fallar esos acuerdos. Cuestión de equipos, así que cuidado con el sexo, los patrones y las palabras. Y, si usted no sabe hacer esto, o no le interesa, al menos que su patrón sea benigno (no sea que se le vuelva en contra). Piense... pues pensar es digno. La vanidad, en los cajones traseros. Es enemiga del respeto: y, lo que no quiera para uno, no lo dé. Los valores de antaño. Es tan simple. O...

¿Acaso ya no lo es...?

Incluso si vive usted en el pecado y, como en la película de Woody Allen "Si la cosa funciona",  vive en trío o cuarteto o como bien lo pueda combinar, sea digno de ser buena compañía y no se reduzca a ser carnaza o carne de modas... lo pasará mejor y merecerá más atenciones. O haga lo que quiera y siempre asuma sus consecuencias...

Por Carmen Nikol

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